sábado, 21 de mayo de 2011

Cielo

Te olí y lloré al darme cuenta
que el reloj jamás paró
a pesar de que el mundo se detuvo
en el preciso instante en que el tiempo, mago,
decidió encontrar nuestros cuerpos con sus almas
que siempre estuvieron aquí.

Sentirte es más que música
y pelearte es tocar el mar frío;
pero nunca pasa nada,
porque luego viene el sol
brillando entre tus labios:
mis almohadas, la espuma del mar.

De noche me encierro
entre las paredes más seguras que conozco
bajo un techo perforado para que pueda entrar la brisa,
la brisa más refrescante y fresca que jamás cacheteó mi cara,
llena de ti y del mismo olor que me trajo hoy al mar.

El concierto de tus palabras conmueve todos mis gustos
y mis manos, solas buscan complacerte
buscando disfrutar de nuevo del brillo del sol,
inmediatamente seguido por la canción de tu risa.

Y cuando llueve lloro contigo,
lloro desesperado y sin paciencia, claustrofóbico,
gritando que regrese el sol
pidiendo que el tiempo nos de la razón.


San Francisco 28/04/11

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